La ruta de los pueblos negros abandonados
Quién no ha pensado alguna vez en medio de un atasco o el vagón de ganado en el que se convierte el metro en hora punta en irse a un pueblo de cuatro casas a vivir, lejos de jefes, facturas y problemas. El menosprecio de Corte es explicable entre los que usamos, abusamos, Madrid. Pero en lo que no solemos reparar los urbanitas es el trauma cotidiano que supone vivir en estos pueblos olvidados y paradójicamente añorados.
La ruta que os proponemos se adentra, a pie o en bici, en la parte olvidada -aunque cada vez menos- del área más aislada, de la provincia más desconocida de las cercanas a Madrid: Guadalajara, un tesoro por descubrir del que apenas se acaba de abrir la tapa. Tanta hipérbole y aliteración queda justificada plenamente cuando uno puede pasarse días enteros andando por paisajes agrestes sin ver a nadie. A sólo 70 kilómetros en línea recta de la Puerta del Sol. En esta comarca, que alguien dio en llamar de los pueblos negros, por la pizarra negra del lugar que utilizan al construir, agonizan algunos núcleos habitados a duras penas por héroes o locos, según con quien hables. Es la ruta de los pueblos negros abandonados.
Nuestro largo camino empieza en el segundo muro del embalse de El Vado, primer culpable del abandono de los pueblos y tierras que vamos a atravesar hoy. Enfrente, comienza una pista que bordea el pantano entre una repoblación de pinos que sujetan las negras tierras contra la erosión. En una hora andando por una pista que asciende muy ligeramente, pero mantiene las vistas sobre el pantano, empezamos a girar hacia el Oeste. Al otro lado de la vaguada veremos los restos de una iglesia. Es la vieja y derruida iglesia del pueblo de El Vado. A su alrededor, aún podemos intuir, a pesar de la distancia, los restos de edificaciones a su alrededor. Lamentablemente, si vamos andando, el camino hasta llegar allí sería demasiado largo, con lo que es mejor dejarlo para una ocasión futura. Pero si hemos elegido la bici, podemos optar por acercarnos desde La Vereda.
Seguimos andando por la pista dejando, como la historia, El Vado a nuestra espalda, hasta iniciar (ignorando otros desvíos a la izquierda) el descenso al río de la Vallosera, que debemos cruzar para ascender en 10 minutos hasta el pueblo de La Vereda. Precisamente en la última curva antes de llegar, veremos salir el camino que lleva hasta El Vado en unos 40 minutos más.
La Vereda
Son muchas las cosas que podemos intuir tras los muros de estas casas, rumores de esfuerzos, de tragedias y alegrías, de monotonía sostenida para luchar contra un medio pobre; rumores, en fin, de vida. Algunas casas están primorosamente reconstruidas por los integrantes de la asociación cultural La Vereda con sede en Guadalajara capital. Con una encomiable dedicación están manteniendo y anclando para nuestros tiempos el eco de una vida que amenaza por desaparecer.
Seguimos por la pista para en 15 minutos hasta llegar a un cruce de pistas: a la izquierda (Oeste), sube el camino que lleva hasta la carretera de Colmenar de la Sierra y otras pistas que nos podrían conducir hasta La Puebla, en la Comunidad de Madrid, u otro núcleo abandonado, La Vihuela; de frente, a la derecha, otro camino en regular estado conecta con la vía que lleva hasta El Vado; recto, entre una y otra, dirección Noreste sigue la pista -manteniendo la pista más evidente--, tras atravesar un par de vaguadas, hasta Matallana. En apenas 40 minutos desde el cruce anterior, empezaremos a ver las casas del primer barrio del pueblo.
Matallana
En los alrededores hay unas encinas centenarias imponentes, que merecen por sí solas la visita, debajo de las cuales podemos descansar para la última etapa. Después de la siesta visitamos el pueblo dividido, como hemos dicho, en dos barrios: uno al Este y otro al Oeste, la iglesia de una sola nave, pero aún en pie, está en el del Oeste. Allí reside alguna pareja, viviendo la vida que eligieron llevar entre algo de ganado y muros de casas desvencijadas.
Para seguir bajamos por una vereda que baja al río Jarama detrás del barrio Este —las primeras casas que vimos al llegar— hasta un puente. Si somos optimistas, una pasarela sobre el abismo; si somos pesimistas, hecho con restos de antiguos trillos, usados para desgranar el cereal en la eras. Otro testimonio de un mundo perdido, para bien o para mal.
La trocha cruza el río y asciende entre la ladera, buscando los robles y álamos de la izquierda, a media ladera. Recomendamos, si se va bien de tiempo, acercarse por la vereda de la derecha hasta las cascadas del Barranco del Aljibe. Otro regalo que nos ofrece esta ruta. Si no, seguimos el camino hasta los árboles que veíamos; se dejan los restos de majadas a la izquierda para seguir enterrados entre jaras de porte enorme, buscando el collado que sobresale enfrente. Imposible perderse ni despistarse pues la única vía posible en este océano verde y pegajoso es la que llevamos, limitada a ambos lados por los muros que forman estas plantas.
Llegamos al collado y seguimos sin perder altura hasta ver los muros de los cercados de Roblelacasa. El camino es evidente desde que se ve el pueblo fijado en un espolón redondeado sobre dos vallejos. Pasamos por la fuente y el lavadero del pueblo y subimos hasta la plaza. Roblelacasa está viviendo un auge constatable en las cuadrillas de albañiles y casas en construcción que hay por doquier, una prosperidad que se les niega a sus hermanos del otro lado del río. ¿La razón? Aquí sí llega la carretera.
- Lo mejor: el ambiente de la ruta, los paisajes y las encinas de Matallana.
- Lo peor: los coches —escasísimos— que transitan por la pista, más que nada, porque rompen la magia del supuesto aislamiento.
Enlaces:
- Anonimaweb es una buena página dedicada a los pueblos abandonados y fotografía
Ficha:
Para hacer esta ruta es necesario disponer de dos coches.
- Acceso: por carretera hasta Guadalajara por la N-II, allí tomamos el desvío en la estación de la CM-101 a Humanes. En este pueblo seguimos a Tamajón por la CM-1004, antes de llegar nos desvíamos a la izquierda hacia Retiendas y seguimos hasta llegar al muro del embalse de El Vado. Allí podemos dejar un coche; para dejar el otro volvemos a Tamajón y seguimos dirección Majaelrayo. Nos volvemos a desviar a la izquierda en Campillo de Ranas para dejar el otro coche en Roblelacasa. Desde Madrid hay que calcular, de una hora y media a dos en cada trayectoa velocidad legal.
- Duración: se puede calcular a ritmo tranquilo en unas 5 horas sin paradas.
- Tipo de camino: pista forestal en buen estado lo que hace apto un calzado bajo, a veces usada por vehículos (¡cuidado!). La última parte es una trocha, pero también en buen estado. Evidente y difícil despiste..
- Agua: al inicio y en todos los pueblos hay fuentes.
- Nivel: para personas sin técnica especial, pero acostumbradas a andar pues su única dificultad es la duración.
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